Bruxismo en Barcelona

Apretar los dientes por la noche tiene solución

¿Qué es el bruxismo?

El bruxismo es apretar o rechinar los dientes sin querer, casi siempre de noche y sin enterarte. Quien lo tiene no suele descubrirlo por sí mismo: lo dice la pareja, que oye el ruido, o lo ve el dentista en una revisión, porque el desgaste del esmalte deja una marca inconfundible.

No hay una única causa. El estrés y la ansiedad son la más frecuente, pero también influyen los trastornos del sueño, algunos medicamentos y una mordida que no encaja bien. Por eso lo primero es averiguar qué lo está provocando en tu caso.

Y conviene tratarlo, porque no se queda en el ruido: desgasta los dientes hasta astillarlos, carga los músculos de la mandíbula y del cuello, y con el tiempo puede afectar a la articulación temporomandibular, que es la que se resiente cuando abrir la boca empieza a doler o a sonar.

Férulas para el bruxismo:

Al inyectar Botox en los músculos maseteros y temporales, que son los principales implicados en el acto de apretar y rechinar los dientes, alivia el dolor y la tensión muscular asociados al bruxismo.

Botox para el bruxismo:

Dispositivos a medida para ajustarse cómodamente a la boca del paciente. Su función principal es crear una barrera física entre los dientes superiores e inferiores, lo que ayuda a protegerlos del desgaste causado por el rechinamiento.

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Cómo se nota: los síntomas

Casi ninguno de estos síntomas parece un problema dental, y esa es la razón por la que mucha gente lleva años con ellos sin relacionarlos con lo que hace su mandíbula mientras duerme. Si te suenan varios a la vez, merece la pena mirarlo.

  • Te levantas con dolor de cabeza. Es el síntoma más común y el que menos se atribuye a los dientes. Una noche entera de músculos apretados se paga por la mañana en las sienes.
  • La mandíbula duele o se cansa al masticar. Sobre todo al abrir mucho o al morder algo duro, y a veces solo por un lado.
  • Los dientes se han vuelto sensibles. El roce continuo va gastando el esmalte y deja al descubierto la capa de debajo, que sí siente el frío, el calor y lo dulce.
  • Te duele el oído sin tener nada en el oído. La articulación de la mandíbula está justo delante, así que su tensión se siente ahí y se confunde con una otitis más veces de las que parece.
  • Los dientes se ven planos, astillados o más cortos. Es la señal que ve el dentista aunque tú no notes nada, y la que dice cuánto tiempo llevas.
  • La cara se carga. Molestia difusa en mejillas y sienes, como agujetas de una musculatura que no ha descansado.
  • Cuello y hombros rígidos. La tensión no se queda en la mandíbula y sube o baja por la cadena muscular.
  • Duermes mal sin saber por qué. Despertares, sueño poco reparador y sensación de cansancio al levantarte pese a haber dormido las horas.

Qué se puede hacer

El tratamiento depende de qué te esté pasando: si lo que corre prisa es proteger el diente, si lo que duele es el músculo, o las dos cosas.

Férula de descarga hecha a tu medida

Es lo primero que se plantea y lo que resuelve la mayoría de los casos. Se toma un molde o un escaneo de tu boca y se fabrica una férula rígida que se pone al acostarse: los dientes muerden contra ella y no unos contra otros, así que el desgaste se detiene ahí. De paso reparte la carga y suele bajar la tensión con la que amaneces.

No cura el bruxismo, y eso hay que decirlo: seguirás apretando, pero contra un plástico que se puede sustituir en vez de contra un esmalte que no se regenera. Se revisa periódicamente para comprobar cómo se está gastando, que es además la mejor medida de cuánto apretas.

Las de farmacia, las que se moldean con agua caliente, no encajan igual: al no estar hechas sobre tu mordida pueden repartir mal la fuerza y acabar molestando más de lo que protegen.

Toxina botulínica (bótox) para el bruxismo

La toxina botulínica se infiltra en los músculos que cierran la mandíbula, sobre todo el masetero, para reducir la fuerza con la que aprietas. No actúa sobre la causa sino sobre la potencia del apretamiento, y por eso se plantea cuando la queja principal es el dolor muscular, o cuando la férula sola no ha sido suficiente.

Es un tratamiento médico: lo valora, lo pauta y lo aplica un profesional cualificado después de revisar tu caso y tu historia clínica, y no todo el mundo es candidato. Su efecto es temporal y se pierde con los meses, así que mantenerlo implica repetirlo; en la valoración te explican cada cuánto y qué se puede esperar.

No sustituye a la férula cuando lo que hay que frenar es el desgaste del diente: son cosas distintas y a menudo se combinan.

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¿Cuál me conviene a mí?

Depende de qué predomine. Si lo que se está estropeando son los dientes, la férula es la respuesta y va primero. Si lo que te trae a la consulta es el dolor de mandíbula, de cabeza o de oído, y la férula sola no ha bastado, entonces se valora añadir la infiltración.

Y hay una tercera parte que no es dental y sin la cual las otras dos se quedan cortas: qué está disparando el apretamiento. Si detrás hay una racha de estrés, un sueño malo o un medicamento nuevo, eso también se mira, porque es lo único que puede hacer que el bruxismo baje en vez de solo contenerse.

En la primera visita en Barcelona se explora la mordida, se mide el desgaste que ya hay y se revisa la articulación, y de ahí sale una recomendación concreta para tu caso con su presupuesto, no una lista de opciones.