Ortodoncia invisible
Casi no se ve: quien habla contigo difícilmente lo nota, y de cerca solo se distinguen los ataches, unos botones pequeños del color del esmalte. Se quita para comer y para cepillarse.

La ortodoncia corrige la mordida, no solo la posición de los dientes que se ven. Aquí se trabaja con brackets metálicos, de zafiro, linguales y de autoligado, y con alineadores transparentes. Cuál conviene lo decide el caso: el diagnóstico es el mismo, cambia el aparato con el que se mueve y lo que se ve por fuera.
En la primera visita exploramos cómo cierra tu boca, hacemos las radiografías y un escaneo de las dos arcadas, y sales con el plan por escrito: qué aparato, cuánto tiempo calculamos y el precio. Esa valoración no se cobra, y si lo que buscabas no es lo que tu mordida necesita, te lo decimos ahí.
No hay una edad única para la ortodoncia, pero sí momentos distintos. En los niños, la Asociación Americana de Ortodoncistas aconseja una primera revisión hacia los 7 años: todavía quedan dientes de leche, el hueso está creciendo y algunos problemas se encauzan mejor ahora que más tarde.
Esa revisión no siempre acaba en tratamiento; muchas veces lo que toca es volver a mirar al cabo de un tiempo. Si tu hijo aún no tiene dentista, empieza por odontopediatría.
En los adolescentes el tratamiento suele empezar cuando ya han salido los dientes definitivos. Los adultos también pueden hacerse ortodoncia, como recoge el servicio de salud británico (NHS), y muchos eligen ortodoncia invisible porque casi no se ve y se quita para comer.
Casi no se ve: quien habla contigo difícilmente lo nota, y de cerca solo se distinguen los ataches, unos botones pequeños del color del esmalte. Se quita para comer y para cepillarse.

De acero, a la vista al sonreír y, por lo general, los que menos cuestan de todos los brackets.

Van pegados por la cara interna de los dientes, así que no se ven desde fuera. Es la opción más discreta y también la más cara, porque cada bracket se fabrica a medida, y la lengua tarda unas semanas en acostumbrarse.

Sujetan el arco con una pequeña compuerta en lugar de gomas. Una revisión de estudios de 2013 no encontró que dolieran menos, que acortaran el tratamiento ni que ahorraran citas frente a los convencionales.

Transparentes, dejan ver el color del diente y llaman menos la atención que los metálicos. Funcionan como ellos: cambia el material, no lo que corrigen.

Es la ortodoncia que se hace mientras el niño todavía crece, para guiar el hueso y los dientes que aún no han salido.
Algunos ejemplos que da la Asociación Americana de Ortodoncistas: un expansor que ensancha el paladar cuando el maxilar se queda estrecho, corregir una mordida cruzada de los dientes de delante o retirar un diente de leche para que el definitivo salga por donde debe. Se decide en la revisión, viendo las radiografías y cómo están saliendo los dientes.
Exploración, radiografías y escaneo de la boca, y el plan con su precio por escrito para que lo compares con calma.
Si el plan es con alineadores, ves en pantalla cómo se moverá cada diente y cuántas férulas harán falta antes de decidir.
La ortodoncia es la especialidad de la odontología que diagnostica y corrige la maloclusión: dientes que están fuera de su sitio y arcadas que no encajan bien al cerrar la boca.
Para mover los dientes se usan aparatos fijos, como la ortodoncia con brackets, o alineadores transparentes de quita y pon, que es la ortodoncia invisible. Cuando el diente ya está donde tiene que estar empieza la otra mitad del trabajo, la retención, con un retenedor fijo o removible que lo mantiene ahí.
Mucha gente llega por cómo se ve su sonrisa, y es un motivo tan válido como cualquier otro. Estos son los problemas que trata la ortodoncia, con el nombre que aparecerá en tu informe:
La mejora estética es lo primero que se nota, pero no es lo único. Unos dientes que no están montados se limpian con menos esfuerzo, y una mordida que encaja ayuda a masticar a quien hoy tiene dificultad para hacerlo.
No es casualidad: son los mismos motivos por los que el NHS británico indica un aparato, dientes apiñados o salidos, una mordida que no cierra bien y problemas para masticar o para mantener limpia la boca. Y hay una ventaja práctica: el plan se hace antes de empezar, así que sabes qué se va a mover, en qué orden y durante cuánto tiempo, aproximadamente.
La primera es el tiempo. Con brackets, una revisión de estudios de 2016 calculó una duración media de 19,9 meses y unas 18 visitas al ortodoncista, y cada caso puede quedar por encima o por debajo. Los primeros días con el aparato recién puesto los dientes pueden doler y conviene comer blando.
Con aparatos fijos, además, la placa se acumula alrededor de cada bracket: si la limpieza falla, aparecen manchas blancas en el esmalte, que en una revisión de 2015 afectaron a casi la mitad de los pacientes (45,8 %).
Con alineadores el precio es otro: llevarlos puestos un mínimo de 22 horas al día. Y en los dos casos el tratamiento no termina al quitar el aparato, porque sin retención los dientes tienden a volver hacia donde estaban.
Hacia los 7 años, según la Asociación Americana de Ortodoncistas, aunque el niño no tenga ningún problema a la vista. A esa edad conviven dientes de leche y definitivos y el maxilar sigue creciendo, así que se ve pronto si falta espacio o si la mordida se está cruzando.
Que se revise no significa que se trate: muchas veces basta con controlar cómo evoluciona. En adultos no hay edad límite; antes de empezar se comprueba que la encía esté sana.
Con una serie de férulas transparentes hechas a partir del escaneo de tu boca. Cada férula está diseñada con el diente un poco más avanzado que la anterior, y al ponértela lo empuja hacia esa posición.
Con Spark, el sistema que usamos, se cambia de juego cada una o dos semanas y se llevan entre 22 y 24 horas al día; solo se quitan para comer, beber y cepillarse. Para que la férula tenga dónde apoyarse se pegan en algunos dientes unos relieves pequeños del color del esmalte, los ataches.
Sí, en los casos para los que está indicada. Una revisión sistemática de 2015 concluyó que los alineadores alinean y nivelan bien las arcadas, y que lo que peor controlan es la extrusión (sacar un diente hacia fuera del hueso) y el giro de los dientes redondeados, como caninos y premolares.
Otra revisión, de 2019, los comparó con los brackets: los dos son eficaces, pero los brackets consiguen mejor el contacto final entre las muelas, el control de la inclinación de la raíz y el ensanche de la arcada. Por eso la elección se hace caso a caso en la valoración.
La rapidez la marca sobre todo el caso. En la revisión de 2019 que comparó alineadores y brackets, los tratamientos con alineadores fueron unos seis meses más cortos de media. Con brackets convencionales la media está cerca de los 20 meses.
Y los brackets de autoligado, que a veces se presentan como más rápidos, no acortan el tratamiento según una revisión de 2013. En la valoración te damos una duración estimada para tu caso con cada opción.
Duran mientras se mantenga la retención. Sin ella, los dientes tienden a volver a su posición inicial, que es el punto de partida de la revisión Cochrane de 2023 sobre retención; por eso al terminar se coloca un retenedor.
Puede ser fijo, un alambre fino pegado por detrás de los dientes de delante, o removible, para dormir. En por qué hacen falta retenedores después de la ortodoncia lo explicamos con más detalle.
Depende del aparato y de lo complicado que sea el caso, que es también lo que dice el NHS sobre el coste. Con brackets, los metálicos cuestan entre 2.800 y 3.000 €, los de cerámica entre 3.000 y 3.200 € y los linguales 3.800 €, con los retenedores incluidos.
La ortodoncia invisible parte de 1.490 €, con tres planes de 1.490, 2.690 y 3.590 € según las férulas que necesites, y su retenedor del final cuesta 70 € si es fijo y 60 € si es removible para las dos arcadas. El presupuesto de tu caso lo calculamos en la valoración, que es gratuita, y te lo damos cerrado y por escrito. Tienes más referencias en qué precio tienen los aparatos de ortodoncia.
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