Brackets metálicos en Barcelona
Los brackets metálicos son la ortodoncia de toda la vida: unas piezas pequeñas de acero que se pegan a la cara externa del diente y se unen con un arco. Ese arco es el que hace el trabajo, porque va recuperando su forma poco a poco y arrastra cada pieza hasta donde tiene que estar.
Siguen siendo la opción que más se usa por dos motivos muy concretos. El primero es que aguantan: el acero no se despega ni se tiñe, así que el tratamiento avanza sin sobresaltos aunque dure dos años. El segundo es que permiten mover los dientes en cualquier dirección, también en los casos difíciles, esos en los que las alternativas más discretas se quedan cortas o alargan mucho el plazo.
A cambio se ven, y eso hay que decirlo antes de empezar. Si esa es tu única duda, en nuestra clínica de Barcelona te enseñamos en la primera visita cómo quedarían los brackets de cerámica o la ortodoncia invisible en tu caso, con el plazo y el precio de cada uno, para que elijas sabiendo qué ganas y qué pierdes con cada opción.
Cómo se colocan, paso a paso
Ponerlos no duele y no hace falta anestesia. Lo que sí lleva es tiempo de silla, así que conviene saber cómo va el día que vienes.
Estudio previo. Radiografía, fotos y un molde o escaneo de tu boca. Con eso se ve hacia dónde hay que mover cada diente y cuánto va a costar en tiempo. De ahí sale el plan y el presupuesto cerrado, antes de tocar nada.
Boca a punto. Si hay caries, sarro o encías inflamadas, se resuelve primero. Un bracket pegado sobre un diente en mal estado da problemas después, y limpiar alrededor de los alambres es más difícil que limpiar un diente libre.
Colocación. Se seca la superficie del diente, se pega cada bracket en su sitio exacto y se pasa el primer arco, que siempre es el más flexible. Entre hora y hora y media, y sales con la ortodoncia puesta.
Revisiones. Cada cuatro o seis semanas se cambia el arco por otro algo más firme. Son visitas cortas, de quince o veinte minutos, y son las que marcan el ritmo real del tratamiento.
Retirada y retención. Al quitar los brackets se pule el esmalte y se coloca la retención, que puede ser un alambre fino por dentro, una férula para dormir o las dos cosas. Esta parte no es opcional, y más abajo explicamos por qué.
Los primeros tres o cuatro días notarás presión al masticar y algún roce en la mejilla. Se lleva con cera de ortodoncia y comida blanda, y pasa solo.
Por qué elegir brackets metálicos
Sirven para todo. Apiñamientos importantes, mordidas cruzadas, dientes girados o que no han llegado a salir: el bracket metálico controla el movimiento pieza a pieza, incluso cuando hay que traer un diente desde muy atrás.
No dependen de que te acuerdes. Van pegados, así que trabajan las veinticuatro horas. Con las férulas transparentes el plazo depende de que las lleves las horas pactadas, y ahí es donde se alargan los tratamientos.
Son la opción más económica de la ortodoncia fija. Cuestan menos que los brackets de cerámica, que los linguales y que las férulas transparentes. El presupuesto se cierra en la primera visita y las revisiones van incluidas.
Aguantan. El acero no se rompe ni cambia de color. Si se despega uno se vuelve a pegar en una visita corta y el tratamiento sigue igual.
Inconvenientes de los brackets metálicos
Se notan al hablar y en las fotos. Es la razón por la que mucha gente pregunta antes por la cerámica o por la ortodoncia invisible.
Los primeros días molestan. Presión al morder y roces en la cara interna del labio. Con cera y comida blanda se pasa en tres o cuatro días, y tras cada revisión reaparece un día, mucho más suave.
Limpiarlos cuesta más. Hay que cepillar alrededor de cada pieza y usar cepillo interproximal, sobre todo en la línea de la encía. Descuidarlo deja manchas blancas en el esmalte que ya no se van al quitar los brackets.
Hay alimentos que hay que dejar. Hielo, frutos secos enteros, pan muy crujiente y todo lo pegajoso despegan brackets con facilidad.
Preguntas frecuentes
Colocarlos no duele: no se toca el diente por dentro y no hace falta anestesia. Lo que aparece es después, cuando el arco empieza a trabajar. Entre las seis y las cuarenta y ocho horas siguientes notarás los dientes sensibles al morder, como si estuvieran algo flojos, y eso dura tres o cuatro días.
Se lleva bien con comida blanda esos días y con cera de ortodoncia en los puntos que rocen la mejilla, que te damos en la misma consulta. Si necesitas un analgésico, toma el que ya uses habitualmente para un dolor de cabeza, salvo que tu médico te haya dicho otra cosa. Después de cada revisión notarás algo parecido durante un día, y mucho más suave.
Depende de cuánto haya que mover y de tu edad, así que el plazo real sale del estudio previo, no de una media. Como orientación: un apiñamiento leve suele resolverse entre doce y dieciocho meses, y un caso con mordida alterada o dientes que hay que traer desde muy atrás puede irse a dos años o algo más.
Lo que sí acorta el plazo es no perder revisiones. Cada visita cambia el arco por otro más firme, y una cita saltada no retrasa un mes sino ese mes más el que se pierde recuperando el punto donde estaba el movimiento. En la primera visita te damos el plazo estimado de tu caso por escrito, junto con el presupuesto.
Sí, si no se usa retención. Los dientes tienden a volver hacia donde estaban, sobre todo durante el primer año, y eso no es un fallo del tratamiento: es cómo se comportan las fibras que los sujetan al hueso, que necesitan tiempo para asentarse en la posición nueva.
Por eso el día que se quitan los brackets se coloca la retención, y forma parte del tratamiento, no es un extra. Suele ser un alambre fino pegado por detrás de los dientes de abajo, que no se ve ni se nota, y una férula transparente para dormir. El alambre se revisa una vez al año; la férula se lleva cada noche al principio y se va espaciando después. Quien cumple la retención conserva el resultado; quien la abandona el primer año es quien vuelve a la consulta años más tarde con los dientes otra vez montados.
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