Dientes montados
Falta sitio en la arcada y unos dientes se colocan delante o detrás de otros, y cuesta pasar el hilo entre ellos.
Los brackets van pegados al diente y llevan un arco que los une, y ese arco es el que mueve. Aquí hay metálicos, de cerámica o zafiro, linguales y de autoligado, y la diferencia entre ellos es cuánto se ven y cómo sujetan el arco, no lo que pueden corregir. Corrigen mordida cruzada, mordida abierta, apiñamiento y diastemas.
Un bracket es una pieza pequeña que se pega a la cara del diente; por todos ellos pasa un arco de alambre, y es ese arco, al intentar recuperar su forma, el que va llevando cada diente a su sitio.
La colocación se hace en una cita: se limpia el diente, se pega cada bracket y se pasa el arco. Después vienen las revisiones periódicas, en las que se cambia o se activa el arco.
En nuestra clínica de ortodoncia trabajamos con brackets metálicos, brackets de cerámica, brackets linguales y brackets autoligables. Cuál conviene sale del estudio previo, y si tu caso se resuelve igual de bien con alineadores también te lo diremos, con la ortodoncia invisible como alternativa.
Qué cambia en el precio entre los cuatro tipos de brackets y qué entra en el presupuesto lo tienes en la página del precio de los brackets en Barcelona.
Los brackets corrigen tanto la posición de los dientes como la forma en que cierran las dos arcadas:
Hay movimientos en los que el bracket sigue llevando ventaja sobre el alineador.
Los estudios señalan como los más difíciles para las férulas sacar un diente hacia fuera del hueso (extrusión) y girar caninos y premolares, que son redondeados, y en la comparación de 2019 los brackets controlaron mejor la inclinación de la raíz, el ensanche de la arcada y el contacto final entre las muelas. Si tu caso pasa por ahí, lo normal es proponerte brackets.
Te lo decimos en la valoración, que es gratuita y sin compromiso
Falta sitio en la arcada y unos dientes se colocan delante o detrás de otros, y cuesta pasar el hilo entre ellos.
Al cerrar, los dientes de arriba y los de abajo no coinciden: quedan muy adelantados, cruzados o sin tocarse.
Un canino o un premolar muy rotado se controla mejor con un bracket que con una férula.
Cierran el arco con una compuerta propia en vez de ligaduras. Los estudios comparativos no han encontrado que acorten el tratamiento ni que molesten menos que los convencionales.

De acero inoxidable, se ven al sonreír y son los que menos encarecen el tratamiento. Admiten gomas de colores, que se cambian en las revisiones.

Se pegan por detrás de los dientes, así que de frente no se ven. A cambio, al principio rozan la lengua.

Tienen la misma forma y hacen el mismo trabajo que los metálicos, pero en un material del color del diente; los de zafiro son además transparentes.

El tipo de bracket casi nunca lo decide el problema, porque los cuatro mueven los dientes de la misma manera. Lo deciden tres cosas tuyas: cuánto te importa que se vean, cuánto quieres invertir y lo cómodo que te resulte limpiarlos.
Si te da igual que se vean, metálicos; si prefieres que pasen desapercibidos, cerámica o zafiro; si no quieres que se vea nada de frente, linguales. En la valoración el ortodoncista confirma que tu caso admite el que eliges.
El material es solo una parte del precio: el coste lo marcan sobre todo la complejidad del caso y el tipo de aparato, como recuerda el NHS. Aquí, los brackets metálicos cuestan entre 2.800 y 3.000 €, los de cerámica entre 3.000 y 3.200 € y los linguales, que se hacen a medida, 3.800 €, en los tres casos con los retenedores incluidos.
El presupuesto cerrado de tu caso, también si prefieres los de zafiro, te lo damos en la valoración, que es gratuita. Más referencias en los precios de los aparatos de ortodoncia.
Por el aparato, dos grandes grupos: la fija, que son los brackets pegados al diente, y la removible, que se pone y se quita, como los alineadores transparentes o algunos aparatos para niños.
Por el momento en que se hace, la interceptiva se aplica mientras el niño crece, por ejemplo con un expansor de paladar, y la correctiva cuando ya están los dientes definitivos. Y al final de cualquiera de ellas viene la retención, para que lo conseguido no se pierda.
Casi de todo, con cuidado en la forma. Los primeros días después de colocarlos los dientes están doloridos y se agradece la comida blanda. Durante todo el tratamiento, el NHS aconseja evitar lo duro, lo crujiente y lo pegajoso, que pueden romper el aparato, y el chicle, que se queda enganchado en él; ayuda cortar la comida en trozos pequeños y no abusar del azúcar.
Con más tiempo que antes. El NHS aconseja cepillarse con pasta con flúor por la mañana, por la noche y después de las comidas, y pasar a diario un cepillo interdental entre los dientes y por debajo del arco.
Merece la pena: la placa que se queda junto al bracket desmineraliza el esmalte y deja manchas blancas, un problema que la literatura sitúa en cerca de la mitad de quienes llevan aparatos fijos.
Cada pocas semanas: el NHS habla de un ajuste cada 6 a 8 semanas. En una revisión de estudios de 2016, los tratamientos con brackets necesitaron de media casi 18 visitas en unos 20 meses. En cada cita se revisa que los brackets sigan pegados, se cambia o se activa el arco y se comprueba que los dientes van donde marca el plan.
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