Actúa en la dentina
El peróxido atraviesa el esmalte y aclara la capa de debajo, que es la que da el color.
El blanqueamiento dental aclara el color del diente con peróxido, que atraviesa el esmalte y actúa en la dentina. Se hace en la clínica, en una sesión, o en casa con férulas a medida durante dos semanas, y no se aplica a menores de 18 años. Con la limpieza previa cuesta 250 euros, y 140 si ya tienes férulas.
Un blanqueamiento empieza mirando la boca, no aplicando el gel. Medimos el tono de partida con la guía de colores, buscamos caries y encías inflamadas y comprobamos si hay empastes, coronas o carillas en los dientes que se ven al sonreír, porque esos no cambian de color y condicionan el resultado.
Si tu boca está lista, te proponemos la forma de blanquear que encaja contigo y te damos el precio cerrado por escrito. Si no lo está, te decimos qué hay que resolver antes y cuánto cuesta, para que decidas con todo delante.
El peróxido atraviesa el esmalte y aclara la capa de debajo, que es la que da el color.
El tono vuelve poco a poco; las jeringas de reserva sirven para recuperarlo sin empezar de nuevo.
Las dos formas de blanquear usan peróxido. En la clínica se aplica en una sesión un gel más concentrado, con la encía aislada; en casa, uno más suave dentro de unas férulas hechas a tu medida, cada noche durante dos semanas.
Cambian el tiempo que tardas en ver el resultado y quién controla cada aplicación, y por eso la elección depende de tus plazos, de tu esmalte y de tus encías.
En la clínica se cubre la encía con una barrera protectora y se aplica un gel de peróxido de hidrógeno más concentrado que el de casa. El cambio se ve al salir de la consulta, y el tono termina de asentarse en los días siguientes. Es frecuente notar los dientes sensibles al frío después; suele durar uno o dos días, a veces algunos más, y se pasa solo.
En casa, con férulas a medida, llevas por la noche un gel de peróxido de carbamida durante dos semanas. La carbamida es el mismo oxidante que el peróxido de hidrógeno unido a urea: un gel al 10 % libera alrededor de un 3,6 % de peróxido de hidrógeno, y lo va soltando a lo largo de varias horas.
¿Molesta menos que un gel de hidrógeno usado también en férula? Un metaanálisis de ensayos aleatorizados los comparó en casa: la misma sensibilidad, la misma irritación de encía y un cambio de color parecido, con una ligera ventaja para la carbamida en una de las dos formas de medirlo.
Así que la elección no va de cuál es más potente. Si tienes una fecha cerca, la sesión en la clínica; si no hay prisa, la férula reparte el trabajo en dos semanas.
Trabajamos con precio cerrado, y el precio del blanqueamiento dental en Barcelona lo tienes desglosado en su propia página. El paquete completo cuesta 250 € e incluye la limpieza dental previa, las férulas a medida y cinco jeringas de gel. La limpieza no es un añadido: si el gel se pone sobre sarro o sobre manchas de superficie, no llega igual a todo el esmalte.
Si ya tienes férulas de una ortodoncia anterior y siguen ajustando bien, las aprovechamos y el precio baja a 140 €.
De las cinco jeringas, tres se gastan en las dos semanas de tratamiento y dos te las llevas de reserva, para recuperar el tono durante el año siguiente sin repetir el tratamiento.
El presupuesto no esconde nada: si en la revisión aparece una caries o una encía que tratar, va en el mismo papel desde el principio, porque sobre eso no se blanquea.
La primera visita es gratuita y se hace con cita previa. En ella medimos el color de partida, revisamos caries, encías y restauraciones, y te decimos si el blanqueamiento te va a dar lo que buscas o si tu caso pide otro tratamiento.
Te llevas por escrito lo que te proponemos, cuánto dura y su precio. Si prefieres hablarlo por teléfono, deja en el formulario tu número y la franja en la que te viene bien que te llamemos.
El blanqueamiento no se hace sobre una boca sin revisar. Estas son las situaciones en las que hay que resolver algo antes, o en las que no procede:
Si eliges la férula, este es el protocolo completo. Las dos semanas no son un mínimo comercial: son el tiempo que el gel necesita para actuar a esa concentración.
Blanqueamiento con férulas, paso a paso:
Blanquear un diente no es limpiarlo. La limpieza retira lo que se ha depositado encima del esmalte: el pigmento del café, del té, del vino tinto y del tabaco.
El blanqueamiento va más adentro, porque el color de un diente no está en el esmalte, que es translúcido, sino en la dentina que hay debajo, amarillenta por naturaleza y más visible a medida que el esmalte se adelgaza con los años.
El agente es peróxido, en dos formas según dónde se use. En clínica, peróxido de hidrógeno más concentrado que el de casa, en una sesión. En casa, peróxido de carbamida en férula, que libera el mismo oxidante poco a poco.
El peróxido difunde a través del esmalte hasta la dentina y rompe allí las moléculas que le dan color. Por eso funciona, y por eso no funciona en todos los casos.
Nuestro protocolo combina las dos: una sesión en clínica para el salto inicial y dos semanas de férula en casa para completarlo. No es que una sea mejor que la otra: la de clínica da el cambio rápido y la de casa lo termina sin prisa.
Lo que ninguna de las dos hace: cambiar el color de un empaste, de una corona o de una carilla, ni borrar una mancha blanca de fluorosis. Si tu caso es de esos, te lo decimos en la valoración antes de cobrar nada.
El resultado no es permanente. El diente vuelve a teñirse con lo mismo que lo tiñó la primera vez, y el tono recupera parte del color perdido con los meses; en un ensayo clínico de blanqueamiento en casa con férula, a los dos años los dientes seguían más claros que antes de empezar.
Cuánto te dura a ti depende más de tus hábitos que del tratamiento. Quien fuma notará antes que el tono baja: en los ensayos con fumadores, el color se mantuvo algo peor en las semanas siguientes. Por eso el paquete incluye dos jeringas de reserva que valen hasta un año después, y usarlas unas noches cuando lo notes rinde más que repetir el tratamiento entero.
Y no es para todo el mundo. Con sensibilidad marcada, encías retraídas o cuellos expuestos, el plan cambia: se baja la concentración y se alarga. En la valoración se mira eso antes de decidir nada, y si tu caso no es de blanqueamiento también se dice.
El diente se oscurece por dos caminos, y conviene saber cuál es el tuyo porque no se tratan igual. Por fuera, con el pigmento del café, el té, el vino y el tabaco que se queda sobre el esmalte. Y por dentro, porque con los años el esmalte se adelgaza y deja ver más la dentina.
Eso explica por qué una limpieza no deja los dientes blancos: retira lo de fuera. El blanqueamiento actúa sobre lo de dentro, porque el peróxido atraviesa el esmalte y llega a la dentina.
Y explica también sus límites. Un diente con endodoncia que se ha oscurecido se aclara desde dentro, con un blanqueamiento interno; una mancha de fluorosis o un color que no responde al gel pueden pedir carillas dentales. Decirlo antes evita pagar dos veces.
Para que el tono aguante:
No vamos a decirte que un alimento blanquee los dientes, porque no hay nada que lo demuestre.
No duele mientras se hace. Lo frecuente es notar los dientes sensibles al frío en los días siguientes, tanto con la sesión en clínica como con la férula; tras la sesión en clínica la molestia puede ser algo más intensa, y se pasa sola. Si te ocurre con la férula, no hace falta abandonar: se espacian las noches o se baja la concentración del gel. Avísanos y lo ajustamos.
No hay uno que gane siempre. El peróxido aplicado o indicado por un dentista, en clínica o con férula, cambia el color del diente porque llega a la dentina, y lo respaldan muchos ensayos clínicos.
Las tiras de PAP, sin peróxido, también blanquean, pero actúan en la superficie del esmalte y su efecto se apoya en un solo ensayo clínico: sirven más para mantener el tono que para cambiarlo. Las pastas y los sérums violetas no blanquean: su color disimula el amarillo durante un rato.
Entre clínica y casa, la diferencia está en la rapidez y en los plazos, no en que una blanquee y la otra no. Para ti, lo que más pesa es el estado de tu esmalte y de tus encías, y eso se ve en la revisión.
El tiempo y el control. En clínica se usa peróxido de hidrógeno más concentrado, con la encía aislada, y el cambio se ve el mismo día. En casa, peróxido de carbamida en una férula a medida durante dos semanas, por la noche.
Los dos aclaran la dentina; la sesión es más rápida y la férula, más cómoda de encajar en tu rutina. Nuestro protocolo usa las dos: la sesión da el salto y la férula lo completa.
No hay alimentos prohibidos, pero sí conviene moderar los que más tiñen mientras dura el tratamiento: café, té, vino tinto, refrescos de cola y tabaco.
Los ensayos que compararon a quienes tomaban café, té, vino tinto o refrescos de cola con quienes no los tomaban no encontraron que estropearan el blanqueamiento, así que no hace falta una dieta blanca estricta. En fumadores también funcionó, aunque el color se mantuvo algo peor en las semanas siguientes.
Sí, hecho por un dentista y con las indicaciones correctas. Por eso hay condiciones legales, no solo clínicas: estos productos no se aplican a menores de 18 años y la primera aplicación de cada ciclo la hace o la supervisa el dentista. Lo que no es seguro es blanquear sobre caries o sobre una encía inflamada, y de ahí que la revisión previa no sea un trámite.
Sí, y es un tratamiento distinto. Cuando un diente concreto se ha oscurecido tras una endodoncia, se hace un blanqueamiento interno: el producto se coloca dentro del diente, porque el color viene de dentro. Si lo que hay es una mancha blanca de fluorosis, el blanqueamiento no la quita, y ese caso se resuelve por otro camino.
No de forma permanente. Justo después del gel la superficie del esmalte puede quedar algo más blanda, y la saliva la va remineralizando: en los estudios hechos en boca se recupera en una o dos semanas tras terminar el tratamiento.
Por eso hay dos indicaciones que parecen manías y no lo son: esperar un rato antes de cepillarte al quitar las férulas, y no alargar el tratamiento más de lo pautado.
Puedes, pero conviene saber qué va a pasar: los empastes, las coronas y las carillas no cambian de color. Solo aclaran los dientes naturales, así que, si tienes restauraciones delante, al terminar se verán más oscuras que el resto. Por eso el orden importa: primero se blanquea y después se cambian, ya con el color nuevo como referencia.
En nuestra tarifa, una funda, que es como se suele llamar a la corona, de zirconio o de porcelana cuesta 270 € por pieza; si va sobre un implante, 370 €. Se elige con el tono nuevo ya estable, unos días después de terminar el blanqueamiento. Lo que incluye cada una está en prótesis dental.
Entre 60 y 90 minutos, según la técnica. Una parte de ese tiempo se dedica a aislar la encía, que es lo que evita que el gel la irrite. Se sale con el cambio ya visible, y el tono definitivo se asienta unos días después.
Catorce noches seguidas, con tres de las cinco jeringas. Las otras dos se guardan en la nevera y sirven hasta un año después para recuperar el tono. Unas noches sueltas cuando notes que el color baja rinden más que repetir el tratamiento entero.
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